Esta semana alcanzamos un hito muy especial en el espacio de Opostal.es, dirigido por José Joaquín Flechoso: 150 programas dedicados a analizar y acercar el mundo de las oposiciones y el funcionamiento de la Administración pública. Una cifra que refleja el compromiso con la divulgación, el análisis y la orientación para quienes buscan comprender mejor el acceso y la realidad del empleo público.

Y para conmemorarlo, la invitada de esta semana es María Sánchez Ozámitz, una mujer que hoy ocupa un puesto de alta responsabilidad como Administradora Civil del Estado, pero cuya historia empieza con un reto personal importante: una discapacidad auditiva detectada desde niña.

María nos recuerda que el camino no siempre es sencillo, pero que la disciplina y la visión humanista son las herramientas clave para transformar las barreras en oportunidades de crecimiento profesional y personal.

Disciplina, autonomía y resiliencia

La detección temprana de la discapacidad auditiva de María Sánchez Ozámitz la llevó a formarse a través del método MAERS, un sistema que ella misma describe como muy exigente y sacrificado para las familias. 

Sobre esta etapa de su vida, María recuerda una formación que marcó profundamente su carácter: «Me inculcó muchísima disciplina, muchísimos sentidos del deber que me ha permitido seguir adelante en la vida y también me ha curtido, me ha hecho más fuerte, porque nos inculcaba mucho la autonomía personal, la independencia, el no depender de nadie«. 

Esa base fue clave para que posteriormente pudiera cursar sus estudios en centros de oyentes, donde en muchas ocasiones era la única persona sorda. Aunque reconoce que el entorno no siempre fue inclusivo, aprendió a desarrollar una gran capacidad de autosuficiencia. «Cuando estás en un grupo, sin entender lo que dicen la gente, sin entender nada, sin poder participar, te sientes excluido… acabas evadiéndote, desarrollas mecanismos de imaginación, de ovación y disfrutas más de tu propia soledad«, explica. 

Esa capacidad e introspección sigue presente hoy en su forma de trabajar dentro del Ministerio. Su bagaje familiar, muy vinculado al arte, le ha dado además una sensibilidad especial para encontrar belleza incluso en espacios donde otros solo perciben burocracia.

Como ella misma dice, aplicar una mirada artística a la vida cotidiana tiene un efecto transformador: «te privatizas mucho la vida, te la hace más bonita, es una elevación espiritual«

Esa misma curiosidad intelectual fue también la que la llevó a descubrir, casi por casualidad, las oposiciones al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado (TAC). Lo que comenzó como un hallazgo inesperado terminó convirtiéndose en una vocación, atraída por la amplitud de su temario y por la responsabilidad que conlleva: «Es un temario variadísimo y muy bueno para tener los pies en la tierra, pero también la cabeza en las nubes, porque tienes que tener miras muy altas para poder encabezar las políticas públicas«.

 

El camino hacia una administración más humana y accesible

En su desempeño actual como gestora de políticas de inclusión, María reflexiona sobre los retos que aún enfrenta la función pública para ser plenamente integradora. Tras superar hitos personales y profesionales complejos, como su operación de implante coclear en 2021, su visión se ha vuelto más resiliente y adaptativa. Según sus propias palabras, «Descubrí lo resiliente que podía ser, la adaptativa que también se puede hacer cuando es necesario; desarrollé nuevas habilidades que no habría desarrollado si no hubiera sido por este instinto de supervivencia«. 

Desde su posición en la Dirección General de Función Pública, aboga por una estructura administrativa donde el liderazgo sea ejemplar y las políticas no se diluyan por cambios ministeriales. «El problema de la discapacidad y la inclusión es que a raíz de su transversalidad también es un tema muy disperso en el cual las responsabilidades se pueden diluir un poco«, señala con claridad. 

Su objetivo es ambicioso pero necesario, «Quiero que la administración sea un lugar donde todas las personas podamos desarrollar nuestro talento y sentirnos valiosas… tenemos que sentirnos que formamos parte de la organización«

Para los opositores que enfrentan una discapacidad, insta a que sean comprensivos, que no sean desconfiados y que no piensen “que me quieren discriminar, es que no conocen bien tu discapacidad«. 

Su testimonio en este programa 150 cierra con una reflexión sobre el legado de quienes opositan bajo estas condiciones: «Cuando sufran piensen que todo ese sufrimiento no es en vano, porque están rompiendo barreras que van a permitir a otras personas seguirnos y luego abrir sus propios caminos«.