Retos para recuperar la confianza en lo público Manuel Arenilla analiza cómo transformar la Administración General del Estado para atraer talento
En una reflexión profunda y valiente esta semana, José Joaquín Flechoso conversa en Empleo Público con Manuel Arenilla, catedrático de Ciencia de la Administración en la Universidad Rey Juan Carlos y administrador civil del Estado.
Arenilla, analiza los desafíos estructurales que afronta la Administración General del Estado para la próxima década, abordando la urgencia de superar modelos organizativos concebidos el siglo pasado y adaptar la gestión pública a la era del conocimiento.
Los cambios tecnológicos, sociales y demográficos exigen redefinir los cimientos de la función pública.
A través de un diagnóstico preciso y cercano, nuestro experto pone el foco en la necesidad de evolucionar desde una burocracia rígida hacia una Administración dinámica, abierta a la innovación y capaz de aportar valor público en colaboración con la sociedad.
En un contexto donde la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, la verdadera transformación no consiste únicamente en implantar nuevas herramientas informáticas, sino en replantear los procesos y la cultura de trabajo institucional.
Transformación cultural para atraer y retener el talento
El diagnóstico sobre el modelo administrativo actual revela que las reformas recientes son meros parches sobre un sistema diseñado hace décadas: «Tenemos un modelo de administración pública que hemos ido parcheando, pero que está asentado y tiene sus raíces en los años cincuenta y sesenta».
Digitalizar procedimientos sin revisar su sentido original corre el riesgo de potenciar las ineficiencias del pasado en lugar de resolverlas. En este sentido, el reto prioritario radica en una verdadera transformación cultural que modernice la forma de trabajar, simplifique los trámites y devuelva la agilidad a los servicios públicos.
Esta rigidez afecta de forma directa a los mecanismos de acceso y selección de personal, que no conectan con las inquietudes ni con la forma de aprender de las nuevas generaciones. Mientras las universidades potencian el trabajo en equipo, la creatividad y la resolución práctica de problemas complejos, las oposiciones tradicionales siguen priorizando la memorización intensiva para puestos de por vida: «El talento que nos interesa no se mueve bajo los principios en los que nosotros fundamentamos la selección de personal».
Para evitar la pérdida de competitividad frente al sector privado y atraer a profesionales innovadores y adaptativos, resulta imprescindible ofrecer proyectos motivadores orientados a la creación de valor social, la movilidad y el desarrollo continuo dentro de las instituciones.
Crear valor público y recuperar la confianza de la ciudadanía
Frente al avance acelerado de la inteligencia artificial y las tecnologías disruptivas, la función pública debe liderar el cambio y evitar convertirse en un mero espectador. Manuel Arenilla advierte del riesgo de que la Administración pierda su papel mediador en favor de actores privados sin control democrático, subrayando que la tecnología no sustituye a la estrategia ni a la visión ética de la gestión pública. El uso de algoritmos y herramientas analíticas debe ser un complemento para mejorar la toma de decisiones, garantizando siempre la equidad y la transparencia frente al ciudadano.
Recuperar la credibilidad institucional requiere hechos concretos y una orientación firme hacia los resultados reales en la vida diaria de las personas: «Necesitamos urgentemente volver a generar confianza, y eso se consigue actuando bien y respondiendo a los ciudadanos». El futuro de la función pública pasa por tender puentes sólidos con el tejido social y económico, impulsando coaliciones flexibles que combinen el rigor del sector público con la agilidad del entorno privado. La Administración debe asumir un rol facilitador del desarrollo social y económico: «La creación de valor público y social nos corresponde a todos; la Administración debe facilitar la generación de valor en compañía de los demás». Con este enfoque renovado, el servicio público se consolida como un motor vivo de progreso, cohesión e innovación para la próxima década.







