Como cada semana, abrimos nuestro espacio de Empleo Público en Capital Radio para analizar la actualidad de la Administración y reflexionar sobre los retos del sector público. En esta ocasión, nos acompañó Luis Herrera Díaz Aguado, Administrador Civil del Estado y director técnico en el Consejo de Estado. 

Luis regresó a nuestros micrófonos para presentarnos su libro ¿Cómo recuperar la confianza en los gobiernos?, una obra especialmente oportuna en un contexto marcado por el escepticismo ciudadano y el desgaste institucional. El autor pone el foco en una crisis de confianza que no afecta únicamente a España, sino que cuestiona la salud de las democracias a nivel global.

Durante la entrevista, fue claro y directo: la pérdida de confianza no es un concepto abstracto, sino una consecuencia de la percepción de utilidad de las instituciones. “La eficacia está relacionada con la confianza y la legitimidad”, señaló. A su juicio, el factor determinante es la obtención de resultados tangibles: la capacidad real de los gobiernos para resolver problemas públicos con solvencia.

El «Ciudadano Cliente» y el agotamiento de las estructuras rígidas

Uno de los momentos más lúcidos de la entrevista fue cuando Luis analizó cómo ha cambiado nuestra relación con el Estado. Según el autor, hemos pasado de una ciudadanía participativa a una «ciudadanía cliente». En sus propias palabras, «Muchos ciudadanos ya empiezan a relacionarse con las administraciones públicas en términos puramente transaccionales. Yo pago impuestos y quiero que la administración me proporcione servicios de acuerdo con lo que pago».

Esta visión «clientelar» es un síntoma de la pérdida de confianza en la política como herramienta de transformación social. Para revertir esto, Herrera propone una gestión pública inteligente y una administración modular.

Además, se mostró especialmente crítico con el actual modelo de organización del trabajo en la Administración. Apoyándose en una reflexión del profesor Xavier Marcet, dejó una frase contundente que invita a la reflexión:«Las RPT (Relaciones de Puestos de Trabajo) son la esclerosis de las administraciones».

Para Luis, este formalismo extremo provoca que se pierda una cantidad ingente de talento, ya que «los puestos de trabajo son demasiado rígidos, demasiado estancos«

Frente a esto, defiende un modelo en el que las unidades sean autónomas y flexibles, capaces de reconfigurarse sin que cada cambio de Gobierno suponga un trauma organizativo. «Necesitamos organizaciones en las que se tomen decisiones basadas en datos y evidencias, no en la simple intuición de los directivos«, sentenció.

El reto de las oposiciones: ¿Memoria o talento?

Como no podía ser de otra forma, abordamos también el sistema de acceso al empleo público. En este punto, Luis Herrera se mostró especialmente contundente al defender la necesidad de una reforma profunda que supere el modelo centrado casi exclusivamente en el esfuerzo memorístico.

«Hay que cambiar el modelo de arriba abajo. Hay que huir de las pruebas memorísticas que hoy no sirven para nada«, afirmó con rotundidad, abogando por procesos selectivos que evalúen competencias, capacidad de análisis y resolución de problemas reales, más allá de la mera reproducción literal de contenidos.

A pesar de que el conocimiento hoy es más accesible que nunca gracias a la tecnología, seguimos seleccionando funcionarios bajo el prisma del siglo XIX. ¿Y por qué se mantiene este sistema? Luis tiene claro que se trata de un problema cultural. «La gente cree que una oposición es una prueba meritocrática porque es relativamente objetiva, pero la realidad es que lo que estamos seleccionando no es lo que necesitamos«. Su propuesta pasa por adoptar modelos como los de la Unión Europea (EPSO), en los que se priorizan las competencias profesionales y el ajuste del perfil según la necesidad real de cada puesto.

Finalmente, advierte con firmeza: «Ni son igualitarias ni son meritocráticas, aunque la gente confía en que lo son«. Por ello, en su libro lanza un claro aviso a navegantes: «Es ingenuo pensar que los gobiernos pueden permitirse la falta de competencia o calidad porque tienen asegurada su continuidad«

 

En definitiva, subraya que la Administración del futuro no tiene alternativas: o es inteligente y profesional, o simplemente no será.