Más del 90% de aprobados en las oposiciones a Tropa y Marinería Antonio Gómez, Tropa y Marinería en las Fuerzas Armadas
El programa Empleo Público de Capital Radio, dirigido por José Joaquín Flechoso, ha analizado esta semana el acceso y la realidad laboral de la escala de tropa y marinería de las Fuerzas Armadas.
Para ello hemos contado con la participación de Marco Antonio Gómez, presidente de la Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME), quien ha ofrecido una visión realista sobre el proceso selectivo y las condiciones actuales a las que se enfrentan los aspirantes.
El Ejército como trampolín laboral
El acceso a las Fuerzas Armadas ha experimentado una transformación profunda en cuanto al perfil de los opositores, impulsado principalmente por el incremento del nivel de estudios.
Actualmente, titulados universitarios e ingenieros optan a estas plazas, lo que eleva de manera considerable las notas de corte en los exámenes teóricos frente a unas pruebas físicas que han visto rebajados sus niveles mínimos de exigencia por parte del Ejército de Tierra.
Sin embargo, esta alta cualificación choca con una realidad salarial y de estabilidad que desincentiva la permanencia. Según explica el propio Marco Antonio Gómez, «un soldado marinero gana una miseria, una auténtica miseria, 1.326 euros con 90 céntimos netos«.
Esta situación económica ha provocado un cambio radical en la motivación de los jóvenes opositores, quienes ya no ven el estamento militar como una carrera definitiva, sino como un puente temporal.
El presidente de ATME señala que el perfil actual utiliza la institución para prepararse de cara a otros cuerpos de seguridad que ofrecen mejores retribuciones y estabilidad: «el perfil que entra en la Fuerza Armada cambia muchísimo porque están utilizando la Fuerza Armada de un trampolín«.
El entrevistado cuenta como el sistema vigente favorece contratos cortos que finalizan de forma obligatoria a los 45 años, convirtiendo a los militares de larga duración en reservistas de especial disponibilidad con asignaciones bajas, lo que genera un envejecimiento de las plantillas y una fuga constante de personal hacia la Policía Nacional, la Guardia Civil o los cuerpos municipales.
Los Obstáculos en la Homologación de Estudios
Otro de los grandes problemas que penaliza la trayectoria de estos profesionales es la falta de reconocimiento civil de las titulaciones y especialidades obtenidas dentro de los diferentes ejércitos.
A pesar de que los miembros de la escala de tropa y marinería desempeñan funciones técnicas avanzadas como mecánicos o electricistas, estos conocimientos no se convalidan de forma oficial al regresar a la vida civil.
Gómez denuncia esta falta de respaldo institucional afirmando con contundencia que «ninguna titulación militar a día de hoy tiene una homologación de estudio en la vida civil«.
Esta desprotección obliga a las asociaciones profesionales a firmar convenios privados con empresas y academias ante lo que califican como una inacción del Ministerio de Defensa.
A esta problemática formativa se suman las dificultades diarias para compaginar la vida familiar y laboral dentro de las unidades operativas, un aspecto que el invitado califica como «mal«.
A pesar de los desajustes en conciliación, existe una base sólida para el optimismo si se aumentan las plantillas y se mejoran los salarios en las unidades. Con el respaldo económico adecuado, el estamento militar resolvería sus carencias operativas y se consolidaría como un destino atractivo y estable. El potencial de los jóvenes es evidente y el sistema de preparación funciona, ya que, como destaca Marco Antonio Gómez, los opositores «salen con un porcentaje de aprobado por encima del 90%«. Adecuar las condiciones actuales es la gran oportunidad para transformar ese entusiasmo en una carrera militar con un futuro prometedor.







