Opositar es mucho más que estudiar un temario. Es un proceso exigente y competitivo que permite acceder a un puesto fijo en la Administración Pública, que requiere constancia, estrategia, planificación y una preparación metódica. Y, a pesar de ser un proceso riguroso, cada vez más personas se plantean preparar una oposición como vía para conseguir estabilidad laboral, mejores condiciones y desarrollo profesional a largo plazo.

Pero antes de dar el paso, es normal preguntarse: ¿qué es opositar realmente? ¿Es tan duro como dicen? ¿Merece la pena el esfuerzo? Entender qué implica este camino es clave para afrontarlo con seguridad, porque la diferencia entre quedarse a las puertas o conseguir la plaza es mínima.

En este artículo te explicamos en qué consiste opositar, cuánto tiempo y esfuerzo requiere y cómo una preparación adecuada influye enormemente en conseguir una plaza.

¿Qué es opositar en España?

Opositar en España implica presentarse a un proceso selectivo público para conseguir una plaza fija en entidades públicas. Para poder presentarse, es necesario cumplir una serie de requisitos previos que varían según el cuerpo o categoría profesional, como nivel de titulación, edad, nacionalidad, capacidad funcional o, en algunos casos, requisitos específicos como permisos de conducción o determinadas condiciones físicas.

Estos procesos están regulados por ley y se publican oficialmente en el Boletín Oficial del Estado (BOE), en los boletines autonómicos y hasta en los provinciales. Se rigen por los principios de igualdad, mérito y capacidad, que garantizan que cualquier persona que cumpla los requerimientos recogidos en la convocatoria pueda competir en las mismas condiciones.

Cada oposición se desarrolla siguiendo una secuencia administrativa claramente establecida. En primer lugar, se publica la Oferta de Empleo Público (OEP) para anunciar el número de plazas disponibles que se prevé convocar. Posteriormente, se publica la convocatoria oficial, que es el documento en el que se detallan los requisitos de acceso, el número exacto de plazas, el temario, el tipo de pruebas, el sistema de puntuación y el desarrollo del proceso selectivo. Además, con la publicación de la convocatoria se abre el plazo de inscripción para que los aspirantes puedan presentar su solicitud y puedan participar en el proceso.

Tipos de procesos selectivos

No todas las oposiciones se rigen ni se cubren por el mismo sistema. Existen, principalmente, tres tipos de procesos que dan acceso a una plaza:

1. Oposición (libre acceso)
En este caso, la nota final depende exclusivamente de los exámenes realizados. No se valoran méritos previos como experiencia laboral o formación adicional. Por norma general, se incluyen varias pruebas obligatorias y eliminatorias.

2. Concurso-oposición
Combina dos fases, una de oposición, que consiste en la realización de exámenes obligatorios, y otra de concurso, en la que se valoran méritos como la experiencia previa en la entidad, cursos homologados o formación académica.

Por norma general, este sistema es más frecuente en procesos de estabilización o en determinadas categorías profesionales.

3. Concurso
En este sistema de acceso no se llevan a cabo exámenes y la selección se basa únicamente en la valoración de méritos acreditados que se desglosan en la convocatoria.

Tipos de oposiciones

Elegir la oposición adecuada depende de tu formación, capacidades, objetivos profesionales y el estilo de vida que cada uno busque. Dentro del empleo público, las oposiciones se organizan en distintos grupos en función del nivel de estudios, la exigencia del proceso y las funciones a desempeñar en el cargo.

Grupo A

Procesos selectivos que requieren de titulación universitaria.

  • A1: se tratan de puestos de mayor responsabilidad técnica y directiva.

  • A2: también requiere grado universitario, pero las funciones pueden tener un nivel distinto de responsabilidad o especialización.

Son oposiciones con temarios más amplios y pruebas más exigentes, pero también ofrecen mayores posibilidades de desarrollo profesional, retribuciones y promoción interna.

Grupo B

Se exige el título de Técnico Superior, es decir, Formación Profesional de grado superior. Es menos frecuente que los demás grupos, pero ofrece oportunidades interesantes en puestos para perfiles técnicos especializados.

Grupo C

Son de las oposiciones más demandadas por su accesibilidad, ya que no se necesitan estudios específicos ni superiores. Suelen corresponderse con puestos administrativos y auxiliares.

  • C1: se debe disponer de título de Bachillerato o equivalente.

  • C2: se necesita el título de Educación Secundaria Obligatoria (ESO).

Grupo AP (Agrupaciones Profesionales)

No se requiere una titulación específica más allá de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) o, en algunos casos, certificado de escolaridad. Se tratan de cargos en los que se desempeñan funciones de apoyo y tareas relativas a servicios generales.

¿Qué duro es opositar?

Opositar es exigente. Pero la dificultad no reside solo en la cantidad de temario. Lo realmente complejo es cómo afrontes el proceso, la mentalidad con la que estudias y la estrategia que emplees para preparar la oposición.

1. Exigencia

Los temarios de muchas oposiciones son extensos y requieren no solo memorizar, sino comprender y aplicar los contenidos. No basta con estudiar muchas horas, hay que hacerlo de manera inteligente. Por ello, debe diseñarse una planificación realista, aplicar técnicas de estudio que funcionen, realizar repasos estratégicos y simulacros periódicos.

Sin un método sólido, el esfuerzo se multiplica y los resultados se diluyen.

2. Competitividad

Las oposiciones son procesos muy competitivos. No es suficiente con aprobar, hay que obtener una de las puntuación más altas para superar a otros aspirantes y conseguir la plaza. A veces, la diferencia entre conseguirla o no puede estar en décimas. Por eso, la preparación debe enfocarse en sacar la mejor nota posible, no solo en “pasar el examen”.

3. Constancia a medio y largo plazo

Dependiendo de la oposición y de su temario, la preparación puede ser mayor o menor pero, por norma general, se sitúa entre uno y tres años o más. Esto requiere disciplina diaria, planificación a largo plazo y capacidad para mantener la motivación. No todos los días serán igual de productivos, pero la regularidad y la constancia es lo que marca la diferencia.

4. Impacto emocional

Opositar es también un desafío psicológico. Pueden aparecer dudas, cansancio o comparaciones con otros aspirantes. Gestionar la frustración forma parte del proceso, pero también es una oportunidad de crecimiento personal. Durante la preparación se desarrollan habilidades que serán muy útiles para otros ámbitos vitales, como la organización, la resiliencia, la buena gestión del tiempo y la autodisciplina.

¿Cuánto tiempo se tarda en opositar?

No existe una respuesta única. El tiempo depende de varios factores, como la dificultad de la oposición, las horas de estudio disponibles, la formación previa, la calidad del método de preparación y la duración de las distintas fases del proceso selectivo.

Algunas oposiciones pueden prepararse en un año con dedicación intensiva; otras requieren más tiempo. Lo importante no es la velocidad, sino avanzar con estrategia.

La importancia del método de preparación

La preparación es donde realmente se marca la diferencia.Muchos opositores fracasan no por falta de capacidad, sino por falta de método. Estudiar muchas horas no garantiza resultados si no existe un planificación estructurada inicial, organización realista del tiempo, técnicas de estudio eficaces, sistema de repasos periódicos, simulacros adaptados al examen real y seguimiento personalizado. Por ello, un buen método convierte el esfuerzo en progreso medible y efectivo.

En Opostal entendemos que cada opositor parte de una situación distinta, por lo que ofrecemos una preparación personalizada, actualizada y enfocada a resultados. No se trata solo de facilitar el temario, sino de acompañar al alumno en todo el proceso con planificación semanal, seguimiento, resolución de dudas y entrenamiento específico para cada tipo de prueba. Porque opositar no consiste en estudiar sin rumbo, sino en avanzar con estrategia.

¿Merece la pena opositar?

Para muchas personas, sí. La estabilidad laboral, la conciliación, el salario fijo y la tranquilidad profesional compensan el esfuerzo invertido. No obstante, opositar no es una decisión improvisada. Es un compromiso serio durante un periodo concreto de tu vida y durante un largo periodo de tiempo. Con una preparación adecuada, acompañamiento profesional y planificación personalizada, las posibilidades de conseguir una una plaza son mayores.

Porque la realidad es que opositar es duro, pero hacerlo sin un método lo es mucho más. Con la ayuda adecuada, la plaza deja de ser una posibilidad lejana y se convierte en un objetivo alcanzable. Por eso en Opostal acompañamos a todos nuestros alumnos desde el inicio hasta el final, para dar soporte en aquello que más necesitan y poner a su disposición los materiales y recursos suficientes que garanticen una preparación completa.