El impacto de la IA en la Inspección de Hacienda Ana de la Herrán, analiza las oposiciones a Inspectores de Hacienda
Esta semana, José Joaquín Flechoso conversa en Empleo Público con Ana de la Herrán, presidenta de la Asociación de Inspectores de Hacienda del Estado. La charla aborda con franqueza y claridad los debates más candentes de la función pública actual como la exigencia en los procesos selectivos de acceso, los resultados del informe PISA en el aprendizaje de los opositores y la irrupción de la inteligencia artificial en la lucha contra el fraude tributario.
El nivel de especialización y la creciente complejidad del sistema fiscal demandan perfiles públicos altamente cualificados. A través de una mirada analítica pero muy cercana, De la Herrán reflexiona sobre la necesidad imperiosa de mantener elevados estándares de calidad técnica en las oposiciones sin renunciar a modernizar el acceso y aprovechar las tecnologías avanzadas al servicio del ciudadano.
En un entorno macroeconómico dinámico y globalizado, la función pública requiere un impulso renovado que armonice la tradición de la excelencia académica con la agilidad digital moderna.
Exigencia selectiva y la cultura del esfuerzo frente al informe PISA
Los recientes resultados del informe PISA en comprensión lectora y matemáticas encienden las alarmas sobre las competencias de base con las que las nuevas generaciones llegan al mercado laboral y a las oposiciones. En un cuerpo de alta responsabilidad como la Inspección de Hacienda, la memorización no sirve de nada sin una asimilación profunda de las leyes: «Nadie es capaz de memorizar grandes textos así como así; grandes textos y más leyes asimilando su contenido es imposible sin comprensión».
Frente a la tentación de rebajar la dificultad de las pruebas o recortar temarios desactualizados para facilitar el acceso, la presidenta advierte del riesgo de devaluar el propio servicio público, reivindicando que «al talento se llega también por el esfuerzo y el esfuerzo requiere horas de dedicación».
Reducir los niveles de exigencia pedagógica o técnica no resuelve las carencias del sistema formativo previo; al contrario, debilita la capacidad de respuesta institucional ante estructuras tributarias complejas e internacionales. Para atraer talento real a los cuerpos superiores no hace falta regalar el acceso, sino trazar un plan estratégico coordinado entre ministerios y universidades que muestre el verdadero valor de la función pública.
Asimismo, defiende apoyar con decisión al opositor mediante temarios oficiales gratuitos, becas eficaces y redes de apoyo que garanticen la igualdad de oportunidades a la hora de preparar procesos de alta exigencia. La equidad y el mérito deben situarse en el centro de cualquier propuesta de reforma de la Administración General del Estado.
Inteligencia artificial y el factor humano irremplazable
La irrupción de la inteligencia artificial abre un horizonte de enorme eficiencia en la gestión tributaria, agilizando el procesamiento masivo de datos e investigaciones complejas. Sin embargo, la tecnología no sustituye la visión ni la responsabilidad del funcionario: «Es esencial que sean las personas las que tomemos las decisiones, con el principio de human in the loop, garantizando los derechos y las garantías de los contribuyentes».
Las herramientas informáticas eliminan las tareas mecánicas más pesadas, liberando tiempo para que los equipos inspeccionen con mayor sosiego y sentido común.
El análisis algorítmico facilita la detección de patrones anómalos y optimiza la selección de expedientes, pero la valoración jurídica final exige el criterio ético y la sensibilidad contextual que solo un profesional formado puede aportar. La innovación tecnológica actualiza las capacidades analíticas de la Inspección, permitiendo una persecución más precisa del fraude sofisticado sin descuidar la protección procesal del ciudadano. Frente al atractivo económico del sector privado, la función pública ofrece un propósito transformador que llena de sentido el día a día profesional.
Para Ana de la Herrán, la estabilidad, el rigor y la vocación de servicio siguen siendo los pilares más sólidos de la Administración General del Estado: «El servicio público te da muchísimas cosas muy buenas; poder estar atendiendo al ciudadano en sus necesidades genera una satisfacción muy grande». Con una visión esperanzadora y moderna, invita a afrontar el futuro confiando en la capacidad humana impulsada por la tecnología.




