Ahí estoy, en la lucha. Estudiando, dándolo todo, pero… ¿estoy, de paso, volviéndome loco? ¿o tal vez huraño? ¿Volveré a ser como antes? Averígualo con este sencillo test:

1. Cuando alguien en casa me inicia conversaciones a sabiendas de que estoy estudiando…

a. Cierro los apuntes y pienso; “Qué alivio, la excusa que necesitaba para dejar de memorizar esta ley que me tiene hasta las narices”

b. Intento responder educadamente, algo más seco de lo normal, intentando que se percaten de que pretendo seguir estudiando y, esta vez, sin interrupciones

c. Gruño, dirijo la mirada de perro que también gruñe, y escojo de entre mi vocabulario las palabras más hostiles con las que pueda responder (que, en la mayoría de ocasiones, no reflejan toda la hostilidad deseada)

2. Antes de empezar en el maravilloso mundo de las oposiciones…

a. Tenía más espacio en el armario, más hueco en el escritorio y muchos menos subrayadores de colores

b. Tenía más tiempo para mí, mi familia y mis amigos, dedicaba más tiempo a mis aficiones, y mi trabajo no me proporcionaba satisfacción

c. Todas las anteriores son correctas y, además, me lavaba el pelo con más frecuencia, seguía anotad@ en el gimnasio, no estaba a punto de separarme y dormía más. Es más, no me despertaba para ir al baño pensando en la Constitución

3. Cuando suspendo un test me digo:

a. Vaya, qué pena, quizás el próximo lo haré mejor. Incluso puede que pruebe a leer el tema antes

b. Qué rabia, qué desesperación. Parece que no consigo retener las palabras, ni darme cuenta de las trampitas… Pero bueno, habrá que dedicarle un poco más de tiempo y de paciencia

c. Otra noche que no duermo!! Matarme era poco!! ¿Otra vez voy a fallar la misma pregunta que ya logré acertar el mes pasado? Otro test con este resultado, y el psiquiatra me hará un bono descuento por pura compasión

4. Cuando recibo la noticia de que cierta persona se ha puesto a preparar la misma oposición que yo…

a. Pienso “pobre, no sabe dónde se mete”, y acto seguido l@ llamo para hablar de temas académicos cervecita en mano, despistando otro día más el planning de estudio, y dedicando el encuentro a temas más bien “no académicos”

b. Maldigo para mis adentros tener más competencia si percibo “inteligencia” en esa persona, y después pienso “da igual, en el fondo debería desearle suerte”, ya que no doy un duro por que esa persona vaya a tener la voluntad de seguir estudiando cuando me la encuentre dentro de seis meses. Abandonará, seguro

c. Comienzo a buscar en Google “maneras de cortar los frenos de un coche sin ser pillado”

5. ¿Cuántas horas de estudio dedicas a la oposición semanalmente?

a. ¿Horas?

b. Mi planning indica 3 diarias de lunes a viernes y 4 los fines de semana, pero debo admitir que puede que no alcance las 14…

c. ¿Semanalmente? Pues… pongamos 7×24 menos 8 diarias de ducha+sueño

6. ¿Tu vida social ya se ha visto afectada?

a. Sí, por supuesto, muy positivamente. He conocido a mucha gente interesante en mi situación, entro en Foros, webs de consejos y Experience Sharing, y no pueden faltar los WhatsApps a amigos con paciencia que escuchan mis amarguras de opositor, incluso a veces, siguen cogiéndome el teléfono y me escuchan

b. Sí, bastante. Mi tiempo libre es para estudiar, aunque los fines de semana reservo un horario sagrado para despejarme, olvidar y desconectar. Creo que algún@s amig@s ya me echan de menos, pero espero que sigan ahí cuando todo esto acabe

c. En realidad, no podría asegurarlo. No recuerdo qué hacía ni a quién veía antes de que esto empezase. Mi vida anterior era una, y ahora me he reencarnado en Batamanta

RESULTADOS

¿Así que confías en tu suerte, eh? Tú pasas por la oposición, pero la oposición no pasa por ti. No importa cuántos días intentes ignorarlo: la Constitución te espera. ¡Vamos! Pega el salto, da el cambiazo… navega en el maravilloso mundo de las leyes y los decretos; decenas de personas te apoyamos! ¡Que viva la fuerza de voluntad! Bueno, que viva, y que se manifieste, claro…

Te debates entre el descanso y la responsabilidad; entre la fuerza de voluntad y el sueño; a veces flaqueas, a veces vences; te sientes orgulloso de ti mismo pero, al día siguiente, ¡dios, si es que no me acuerdo de nada! Bienvenido a la fabulosa sensación de que cada paso dado deja el suelo cayendo a un abismo tras de si. Da miedo, pero ¡no hay marcha atrás! ¡Vamos, valiente! Ves que lo estás consiguiendo.

Antes de nada: Ooohmmmm, ooooohhmm. ¡¡Relax!! Deberías recordar que cuando consigas tu plaza tendrás que seguir conservando la capacidad del habla y la posibilidad de desadoptar la posición de sedestación. Esto es muy fuerte, y pese a tu temporal desapego a tu vida personal, conviene que reflexiones: el mundo sigue girando. Sobrevivirás. ¡¡Qué gran soldado se perdió el ejército chino sin ti!