¿Qué haré para destacar?¿Cómo lograré diferenciarme de la multitud de opositores?¿Existe una clave? Pues parece, con cierta claridad, que sí. Todo estriba en la resistencia, y sólo nos convertiremos en opositores resistentes a través del autocuidado.

En muchas ocasiones, cientos de opositores comienzan con la mejor de sus intenciones y una meta que les anima a luchar. El inicio es ilusionante pero, poco a poco, las sensaciones positivas se desvanecen para dar paso a insatisfacción y frustración. ¿Por qué sucede esto si el objetivo no se ha difuminado y la voluntad sigue presente? La respuesta es sencilla: nos estamos olvidando de nosotros mismos.

El opositor es un ser humano, y cada uno se enfrenta al reto con sus propios miedos, situación personal y dificultades que sobrellevar. En la mayoría de casos, el error y el acierto es siempre el mismo: centrar nuestro mundo en el estudio. Es bien verdad que el estudio es un porcentaje abrumador del éxito pero, sin embargo, entre tantos candidatos, los vencedores se erigen como tales por algo más que eso.

Desde el mismo día en que nos armamos con un metro de altura de apuntes y tests, debe comenzar un exhaustivo análisis de nuestra realidad; y no sólo de nuestro contexto (obligaciones familiares y laborales), sino de nuestros temores, expectativas y apoyos. ¿De qué instrumentos disponemos? Es siempre muy buena inversión establecer una negociación con nuestro entorno, que nos permita conocer de un modo realista el tiempo del que dispondremos realmente para nuestra preparación. De nada nos servirá plantear un planning que sólo podrá cumplirse tres días, que nos agobiará y, a la vez, nos decepcionará. Es imprescindible centrar nuestros esfuerzos en permanecer positivos, o no podremos soportar la presión.
Construyamos entonces los cuatro pilares de nuestra capacidad para resistir:

– Autocuidado

– Fortalecimiento de la identidad personal

– Lenguaje positivo

– Optimización del tiempo de estudio

Lograr un aumento de la autoeficacia que percibimos en nuestro esfuerzo nos introducirá en el círculo vicioso del orgullo de nosotros mismos, la satisfacción y la actitud positiva durante el tiempo de estudio. Este círculo se retroalimenta increíblemente y potencia nuestra eficiencia. De otro modo, estudiar cuando nuestro cuerpo y mente no están preparados sólo nos conducirán a sensaciones de tiempo perdido, rabia e inseguridad. Y es sabido que este círculo vicioso también se autoalimenta devastadoramente. La única salida a este ciclo suele encontrarse en el abandono; no obstante, ya estamos en el punto que nos lo evitará: somos conscientes de ello.
Recuerda, pues, que la autoexigencia no está reñida en absoluto con la necesidad de descanso. No superes tus límites. Sé amable contigo mismo y prémiate por tus propios logros. La oposición nos cambia interiormente para el resto de nuestros días, independientemente del resultado, y esto sucede por cómo la hemos afrontado y qué hemos aprendido de nosotros mismos.
Así como planeas las horas de estudio, los ejercicios y los repasos, planea tus minipremios, los momentos de ocio, de reuniones con seres queridos y los descansos. Comprobarás que la sensación de cercanía de un momento de distensión hará más llevadero el esfuerzo.
Preocúpate por lograr un ambiente exterior e interior propicio para el estudio. Del mismo modo que parece obvio evitar ruidos intensos, debemos comprender que una mala noticia o una discusión hará imposible cumplir nuestra meta de estudio ese día. Por ello, es asimismo importante que nuestro Plan sea flexible, recuperable y realista.
Existen muchos modos de evitar la ansiedad propia del opositor, sólo debes preguntarte cuál se amolda a ti. Si nunca has hecho deporte, quizás no sea buen momento para exigirte ir a correr todos los días, pero hay muchas maneras de autocomplacerse y relajarse para dotar a la mente de la concentración y positivismo que requiere este gran desafío. Quizás no habrá otro tan grandioso en tu vida.
A través de la comprensión con uno mismo y la conversión del autocuidado en una rutina, nos volvemos más competitivos y nuestro nivel de actuación se eleva. Una frase resume el pensamiento del opositor positivo: “Cuidado con lo que deseas, porque podrás conseguirlo”. Sin embargo, una mente positiva no es viable sin ser conscientes de la importancia de un lenguaje también positivo. Evidentemente, pronunciamos las palabras que pensamos en pronunciar, pero recuerda que no sólo son el vehículo de nuestros pensamientos, sino que son ellas las que los hacen posibles. Sin palabras, no existe el pensamiento. Conozcamos el poder de las palabras en la optimización de nuestras capacidades. La elección de las palabras no solamente es vital y útil en nuestras conversaciones, sino también en el diálogo interior. Sé conocedor de cómo te hablas, quiérete, jamás te hieras. Sé el primero en animarte y selecciona cuidadosamente el modo en el que te diriges a ti mismo y a los demás.
Quejarnos, verbalizar autoflagelamientos, ofender y hablar constantemente de problemas llevará a nuestro sistema nervioso a bloquearse, angustiarse y entender la oposición como una amenaza vital. Enséñale a tu cuerpo, a través de la elección de tus palabras, que tu situación te ha puesto en una ventaja con respecto al resto y te da una posibilidad de mejora de calidad de vida espectacular. No permitas oír de tu boca “no puedo más”, “qué aburrimiento”, “mi cabeza no da más de si” o “quién me habrá mandado meterme en esto”. Lo que menos te conviene es autoconvencerte de la mentira que supondría creer que la oposición no es para ti o que será tiempo perdido. Con la actitud correcta, todo minuto invertido merecerá la pena.
Es un hecho que un lenguaje positivo potencia nuestras capacidades, y se estima una mejora de más del 10% de nuestro coeficiente intelectual (Luis Castellanos, el Poder de las palabras habitadas), además de en otras armas personales y cognitivas, si logramos hablarnos con convencimiento y optimismo. No lo olvides: tanto si piensas que puedes como que no puedes, estarás en lo cierto.